Cada 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental. Una fecha que en nuestro país toma una relevancia especial a la luz del contexto social y laboral que estamos viviendo, así como distintos hechos trágicos que nos han impactado a todas y todos.
Los suicidios ocurridos en el Metro de Santiago durante las últimas semanas han vuelto a poner en el tapete los temas de salud mental, así como sucede cada vez que hechos noticiosos de impacto sacuden a la opinión pública. Sin embargo, ¿Esta exposición está significando un abordaje real del problema?
Metro habla de instalar barreras en los andenes, como ya existe en otras líneas de la capital. Esta medida de carácter práctico, sin embargo, es un fiel reflejo de cómo estamos tratando estos temas como sociedad. Poco se ahonda en las causas estructurales o profundas de estos hechos, prefiriendo esconder bajo la alfombra una realidad cada vez más dramática.
La pregunta que debemos hacernos, entonces, es qué es lo que estamos construyendo como sociedad. Crece la cantidad de suicidios, los diagnósticos de ansiedad, depresión y otros trastornos de salud mental, aumentando a su vez el número de licencias psiquiátricas.
En los entornos laborales, la hostilidad, la violencia y el acoso también reflejan un ánimo general negativo que se traduce en denuncias, sumarios y acusaciones que ni siquiera la reciente Ley Karin ha podido procesar de forma correcta.
Un último factor a mencionar es el alto consumo de alcohol y drogas por parte importante de la población, lo que también es causa y efecto de las problemáticas sociales que hoy vivimos.
Todas estas problemáticas no pueden ser abordadas por separado, pues forman parte de un cuadro mayor, con una sociedad que se ve consumida por un contexto de crisis económica y socioecológica, pandemia, conflictos geopolíticos y disrupción tecnológica. La masificación y uso excesivo de las redes sociales, junto con la caída de los grandes relatos del siglo XX y el renacimiento de discursos de odio, complementan un contexto complejo para la vida en común.
Hoy las personas nos vemos forzadas a la hiper-productividad, presionadas por expectativas enormes a cumplir en cuanto a consumo, aspecto físico, desarrollo laboral y profesional. Éstos se refuerzan con los estereotipos instalados a través de las redes sociales y el complemento con los medios tradicionales que venden miedo y consumo por igual.
Todo esto nos ha llevado a la crisis de salud mental que hoy enfrentamos. En ese sentido, creemos necesario avanzar en políticas públicas y leyes para aumentar la capacidad de atención en salud mental, pero es de suma importancia avanzar en prevención. Esto último no pasa solamente por la institucionalidad: tiene que ver con retomar la comunidad, el respeto, el entendimiento mutuo y un ritmo de vida que no termine por enfermar a las personas.



















