Cada 3 de octubre, el Día del Hospital nos invita a mirar con orgullo, pero también con responsabilidad lo que ocurre diariamente al interior de la red pública de salud. Detrás de cada pabellón que funciona, de cada urgencia que responde, de cada diagnóstico, rehabilitación, tratamiento y vida que se salva, existen miles de trabajadoras y trabajadores que hacen posible la salud pública en nuestro país.
Nuestros hospitales no son solamente edificios o centros de costos; son una de las expresiones más concretas de la vocación social del Estado. Lugares donde el derecho a la salud adquiere un rostro humano y donde, independientemente del origen o condición económica de las personas, existe un Estado llamado a responder.
Por eso esta conmemoración también debe invitarnos a reflexionar sobre cómo cuidamos aquello que hemos construido y sobre qué condiciones entregamos a quienes, día tras día, sostienen la atención de millones de chilenas y chilenos.
Durante los últimos meses, desde Fenpruss hemos advertido de manera persistente los efectos que puede provocar una política de contención fiscal aplicada sobre un sistema sanitario que ya enfrenta importantes presiones asistenciales, operativas y financieras. El ajuste de 2,5% aplicado a salud en marzo por el Gobierno, equivalente a más de $413 mil millones, afectó recursos claves destinados a la red hospitalaria.
Frente a ello nos movilizamos, concurrimos al Congreso, dialogamos con autoridades y desplegamos nuestras dirigencias en los territorios bajo una convicción sencilla: cuando la salud se recorta, Chile retrocede.
No desconocemos la necesidad de mejorar gestión, eficiencia, compras, procesos y utilización de infraestructura; por el contrario, quienes trabajamos diariamente en el sistema conocemos mejor que nadie dónde podemos hacer cambios. Pero la eficiencia no puede convertirse en una palabra utilizada para justificar previamente el retiro de recursos de hospitales que deben seguir funcionando las 24 horas, comprando medicamentos e insumos, sosteniendo camas, pabellones, urgencias y equipos humanos, mientras responden a una demanda asistencial que continúa creciendo.
Por eso observamos con atención las declaraciones del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. Durante estos meses ha señalado que existe espacio para mejorar la eficiencia hospitalaria y que es posible hacer más con menos. Más recientemente, al explicar el Presupuesto 2027, ha hablado de despilfarro, beneficios obtenidos en exceso, fraude social y de la necesidad de distinguir entre garantizar el derecho a la salud y mantener puestos de trabajo en el sector.
Son afirmaciones que requieren antecedentes, evidencia y una discusión mucho más profunda cuando se trasladan a la realidad sanitaria. Los problemas de nuestro sistema público existen y no pretendemos negarlos, pero su diagnóstico debe construirse con datos y no mediante generalizaciones.
Las listas de espera, la subutilización de determinada infraestructura o las dificultades de gestión no pueden analizarse separadas de las brechas de personal, financiamiento, equipamiento, camas, especialidades y capacidad operativa.
Tampoco resulta razonable separar artificialmente el derecho a la salud de quienes hacen posible ejercerlo: una infraestructura hospitalaria, por moderna que sea, no atiende por sí sola; necesita profesionales, técnicos, administrativos y auxiliares para transformarse efectivamente en atención sanitaria.
La experiencia de este mismo año debiera servirnos para mirar el Presupuesto 2027 con responsabilidad. La propia autoridad sanitaria reconoció en septiembre que, después del ajuste presupuestario, los recursos disponibles resultaban insuficientes frente al gasto proyectado del sector. Al mismo tiempo, hemos visto que cuando existen objetivos claros, recursos, organización y compromiso de los equipos, la red pública tiene capacidad para responder.
Por eso la Confederación Fenpruss ha sostenido que mejorar la gestión y fortalecer el financiamiento no son caminos contradictorios: deben avanzar juntos. La discusión que comienza en el Congreso debe reconocer las presiones reales que enfrentan nuestros hospitales, superar la lógica del déficit permanente y asegurar que los recursos acompañen las necesidades sanitarias de la población.
El presupuesto público no puede construirse únicamente desde una planilla fiscal; debe incorporar las consecuencias que cada decisión tiene sobre una persona que espera una cirugía, una familia que necesita un medicamento o un equipo de salud que requiere condiciones adecuadas para cumplir su tarea.
En este Día del Hospital queremos, entonces, saludar y reconocer a cada trabajadora y trabajador que hace posible nuestra salud pública, pero también convocarnos a defenderla. Como Fenpruss estaremos atentos y activos durante toda la discusión del Presupuesto 2027, llevando al Congreso y al debate público la realidad que conocemos desde nuestros hospitales y servicios de salud a lo largo del país.
Defender un presupuesto suficiente para salud no significa desconocer las restricciones fiscales ni renunciar a mejorar la eficiencia; significa comprender que la salud pública es una inversión social y una expresión concreta de la vocación solidaria del Estado. Nuestros hospitales son mucho más que edificios o cifras presupuestarias: son lugares donde Chile cuida, protege y salva vidas sin preguntar cuánto dinero tiene una persona antes de atenderla.
Ese patrimonio público ha sido construido durante generaciones y hoy nos corresponde fortalecerlo. Porque defender nuestros hospitales, a sus trabajadoras y trabajadores y los recursos que necesitan para cumplir su misión es, finalmente, defender el derecho a la salud de todas y todos quienes habitamos Chile.



















