Hablar hoy de seguridad y salud en el trabajo en el sector público de salud es enfrentar una contradicción evidente: mientras el marco normativo avanza, la realidad de los hospitales retrocede.
El Decreto 44 establece que la protección de la vida y la salud de las y los funcionarios y funcionarias debe ser una responsabilidad activa de las instituciones. No se trata solo de reaccionar frente a accidentes, sino de anticipar riesgos, gestionar entornos laborales y resguardar tanto la salud física como mental de los equipos.
La implementación de estos estándares choca con una realidad cada vez más dura: recortes presupuestarios, no reposición de cargos, aumento de la carga laboral y equipos tensionados al límite.
La propia evidencia muestra que estas medidas están generando sobrecarga y afectando directamente la capacidad de respuesta del sistema, aumentando riesgos laborales y deteriorando la calidad de la atención.
Cuando se recorta el presupuesto en salud, no solo se ajustan números: se deterioran condiciones laborales, se incrementan los riesgos psicosociales y se pone en riesgo la salud de quienes sostienen el sistema. Y eso tiene un efecto directo en la atención de la población.
No hay sistema de salud fuerte con trabajadores debilitados.
Fenpruss ha sido clara en su objetivo histórico: defender el empleo público, los derechos laborales y la dignidad de las y los profesionales de la salud.
El desafío, entonces, es no normalizar la precarización. No aceptar la contradicción entre norma y realidad.
Porque al final, la pregunta es simple: ¿Queremos un sistema que cuide a las personas o uno que desgaste a quienes cuidan?



















